Me encontré a Aldara caminando firmemente por la entrada de Urgencias de la Residencia de la Candelaria vestida de paciente y en seguida me llamó la atención. ¿Qué te pasa? Le pregunte.

Aldara es una chica de 22 años víctima de la sociedad y de ella misma. Ya es madre de un niño de tres años. No tiene casa propia y vivía con unos tíos. No tiene pareja. No tiene trabajo. No tiene medios económicos. Me dijo que estaba embarazada y que pensaba abortar. No sé por qué intenté convencerle de que no lo hiciera pero ya me dijo muy segura: “No señor, ya lo he pensado muy bien y no quiero fastidiarme más mi vida, o sea, que voy a abortar”.

Tampoco sé por qué pero cuando la vi entrar en Urgencias le dije a la Virgen María: “Santísima Madre, si quieres que haga algo por esta chica pónmela en mi camino”, y oré. Y así fue como al cabo de quince minutos salió Aldara otra vez del recinto hospitalario y al pasar delante de mí, tampoco sé por qué, pero le dije: oye chica ven. Y vino y se quedó a mi lado y le dije: “No tienes que abortar. Yo te voy a ayudar”. Y fue cuando me miró de una forma especial, como si viera una esperanza que quería pero que no encontraba porque nadie se la daba y empezamos a hablar. Los dos estábamos algo eufóricos y decidió ella pedir el alta voluntaria. Así fue como Aldara empezó una nueva andadura.

Esa tarde fue muy intensa. Aldara comió algo y nos empezó a contar su vida pasada. Víctima de la sociedad y de ella misma por sus decisiones tomadas libre y voluntariamentre, todas ellas equivocadas. Esa tarde noche la llevamos a la Parroquia de Santiago Apóstol y se le hizo oración de liberación y sanación. Después nos encontramos con un gran problema, y es que no sabíamos dónde hospedarla para que pasara la noche, porque tampoco estábamos seguro de querer dejarla sola. Hablamos con el Padre Juan Carlos, de SIGNO DE VIDA, pero no encontramos un centro de urgencia que nos atendiera. Al final se quedó en una pensión. Se quedó sola. Triste y desamparada.

Al día siguiente recogimos a Aldara al mediodía. Fue en la tarde noche cuando pudimos reunirnos con voluntarios del COF, quienes ya habían hecho una gestión en el centro de las FILIPENSES, que sorprendentemente les había quedado la noche anterior una cama vacante. Pero esa noche tampoco la podían recibir y hubo que hospedarla en otra pensión. Quedó sola, e incrédula: ¿Sería cierto que le podríamos ayudar?

El tercer día con Aldara era día de Reyes. La fuimos a ver por la mañana y la acompañamos hasta por la tarde. Ese día conocimos a la madre Rocío del centro de las FILIPENSES quien habló con Aldara y ofreció reservarle la cama que tenía vacante, pero que teníamos que cumplimentar el trámite administrativo por ser el centro gestionado por la UNIDAD DE FAMILIA del IASS, Cabildo de Tenerife. Esa noche también la pasó en la pensión.

Mientras tanto surgía la duda una y otra en nuestras cabezas sobre si la decisión de no abortar tomada por Aldara sería finalmente mantenida por ella habida cuenta la incertidumbre de futuro, sin centros ni compañías de urgencia que atendieran ese desamparo.

Al día siguiente tuvo lugar por fin la deseada entrevista con la madre Rocío pero Aldara tampoco se podía quedar ese día en el centro porque faltaba un informe de SERVICIOS SOCIALES del Ayuntamiento en el que estaba empadronada. Se hicieron gestiones in extremis ante el IASS y SERVICIOS SOCIALES, pero esa noche tuvo que pasarla Aldara otra vez en la pensión. Mientras tanto aumentaba su escepticismo y a mayor escepticismo de ella sobreabundó nuestra oración.

Por fin llegó el quinto día con Aldara. Era de noche cuando la recogimos en la pensión. Teníamos cita a primera hora con SERVICIOS SOCIALES. No fue fácil convencerla de que tenía que adoptar una postura no beligerante; fueron eses servicios sociales los que informaron negativamente sobre su falta de idoneidad como madre para quedarse con su hijo. Pero salió bien. Recibió el IASS el informe favorable, pero todavía quedaba pasar el filtro de la entrevista con la madre Rocío y Aldara de verdad que echaba humo!

Pasó todo el mediodía en la CASA DE EJERCICIOS ESPIRITUALES con la madre María Mónica hasta que por la tarde se entrevistó con la madre Rocío. Que suspense… Es que no conocéis a Aldara. Podría ocurrir cualquier cosa, y Aldara tuvo su oportunidad.

Chicas como Aldara necesitan ayuda. Mucha ayuda. No se trata de gestionar una situación de emergencia que concluye una vez abordada. No hay conclusión de la obra. Siempre hay cosas que hacer. Muchas chicas necesitan ayuda espiritual, atención médica,  ginecólogo. Ayuda humana. Acompañamos a chicas como Aldara en los momentos de su vida. Su vida ha empezado de nuevo, pero debe de continuar también con nuestra ayuda, hasta lograr su independencia, con un trabajo digno y casa donde poder disfrutar del gozo de ser madre.

La Asociación MATER MISERICORDIAE hace posible todo esto. Somos conscientes que hay un montón de trabajo por hacer. Queremos agradecer a todos aquellos que desinteresadamente han intervenido en esta obra de la Virgen María.

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